Baby, you can drive my car

Ilusración. Little Calpurnia para El Baño Rosado


Hoy me levanté sintiendo envidia pura hacia Andrea Serna. No se trata de su pechonalidad, ni de sus piernas largas, envidio su capacidad para fingir de manera tan natural, y ser siempre encantadora.

Yo en cambio, cada vez que intento disimular cualquier tipo de sentimiento negativo, cada vez que me toca fingir una sonrisa, siento que estoy cagando un elefante. Es horrible, no puedo llorar porque se me corre el maquillaje, y no puedo putear a alguien para desahogarme, porque la compañía que tengo es tan escasa, que me tocaría desquitarme con el perro, y pues no es justo con el pobre Lennon. 

No tengo el closet tan grande como quisiera y no he tenido vacaciones en un año; pero sigo repitiendo en mi cabeza ‘No tengo problemas graves’ tratando de pensar con madurez. No ando por las calles frías de la ciudad desplazada por la violencia, no trabajo por necesidad y soy bonita. Pues sí, no tengo problemas graves, pero por lo que sea, hoy me levante con odio puro hacia la vida misma y qué. Yo también tengo derecho a ser la víctima y no me pienso sentir culpable por eso. Finalmente todos tenemos problemas, unos más graves que otros, pero nada nos salva de los malos días. Hasta Carlos Slim debe sufrir de amargue de vez en cuando a pesar de sus millones. Después de todo, mis papás no me mintieron: La felicidad no está en las cosas materiales. Cuanto me alivia que tengan razón, de lo contrario sí estaría jodida. 

La verdad es que últimamente me he dado tanto el lujo de desperdiciar los días pensando en los problemas graves que no tengo, que entendí que al final, sólo hay alguien que puede salvarme: Yo. Así que me tocó auto-rescatarme sacando ganas en lugar de lágrimas inútiles, madurez de los consejos de la única persona que está ahí para animarme, en lugar de alejarla con mi ‘Mala onda’ y valentía para poner una sonrisa real en mi cara y así no tener que cagar ningún mamífero enorme. 

Lo importante es estar lo suficientemente vivo para caer en cuenta que los días buenos son muchos más que esos malos y que por ellos vale la pena sufrir de vez en cuanto. Por lo que sea. Así que a partir de hoy voy a empezar el día cantando ‘Drive my car’ de los Beatles en la ducha, lo que equivale a una inyección de la heroína más pura (si la heroína fuera buena), voy a ignorar a los idiotas porque soy mejor que ellos y no voy a gastar mi energía quejándome como perdedora. 

Todo está y va a estar bien, tengo a los Beatles, te tengo a ti. Baby, you can drive my car.
© El Baño Rosado
Maira Gall