Competir: Otra forma de sufrir por amor.

Ph. Models for Vogue Paris 1970's.

He participado en tres competencias en mi vida y en ninguna he entrado por iniciativa propia. Es la hora y no entiendo como he terminado ahí. Lo irónico, es que las tres veces, he llegado a la etapa final, pero aún así nunca he ganado ninguna. En estas tres decepciones amorosas (Las llamo así porque en todas me han roto el corazón) he acumulado la suficiente experiencia, para asegurar que las competencias son la estupidez más grande que hemos inventado.  

Me chocan estas farsas que se hacen sólo para dar de que hablar, pura publicidad barata. La verdad es que a nadie le importa si ganas o pierdes, si fuera así, la competencia en si no existiría, pues nadie nunca tendrá derecho a afirmar que una cosa es mejor que otra y los perdedores tenemos sentimientos, porque nosotros también amamos lo que hacemos.

No es que yo sea una mala perdedora, los perdedores no existen y los ganadores tampoco. Para probarlo, organicé una competencia en mi edificio y  entonces hice un concurso al perro más lindo. Para participar, los dueños sólo tenían que llenar una hoja con los datos del perro: Nombre, raza y apartamento. El premio era un kit de cosas para el perro. Después de que logré que se inscribieran 4 perros, anuncié que el perro ganador era el más bonito, el mejor vestido, el mas pulgoso y el más fiel de todos: el mío. Por supuesto a nadie le importó ni cinco, pero ahora todos conocen a Lennon.

Lo mismo pasa cuando competimos por amor, si ganas, en realidad no habrás ganado nada, porque para llevarte el premio, has pasado por la humillación más grande: intentar ser mejor que alguien más, y si pierdes, a nadie le importa cuántas piezas te toque pegar, o cuantas lágrimas vas a derramar. No vale la pena sentirnos amenazados o tratar de impedir que alguien venga a robarnos el trofeo, si así resulta, no habrá nada que pueda evitarlo. Lo que si podemos evitar, es prestarnos para estos juegos.


Así nunca haya recibido ningún premio por las cosas que he hecho, creo que han sido las mejores, porque sólo yo sé cuanto tiempo, trabajo y esfuerzo he invertido.  Por eso prometí nunca volver a someterme a estas pendejadas y entendí que competir es la manera más fácil y rápida de traicionarse a uno mismo.
© El Baño Rosado
Maira Gall