Lo que me enamora de Andrés

Andrés


Me enamora que me mire como si acabara de descubrir América y que a pesar de su naturaleza masculina, note que tengo un par de pestañas que podrían escampar de la lluvia a toda la población de China. Me enamora la paciencia con la que espera que me pruebe todo el closet y creo ciegamente en la sinceridad de sus palabras cada vez que me dice: “Hoy estás divina” aunque aparentemente sea algo de rutina. 

Me encanta ser la princesa que vive en este castillo imaginario, que construye cada día a punta de mis caprichos. Me enamora que su voz sea mi despertador cada mañana y que sus brazos sean el lugar más seguro del mundo después de La Casa Blanca. 

Me enamora que hable de mí como si fuera el último Panda del planeta y me fascina que me ignore mientras está jugando el Barcelona. Me enamora que cumpla las reglas básicas de cortesía en el chat y que fume Marlboro cuando está conmigo. Me enamora verlo hacer lo que lo apasiona, sobre todo por lo sexy que se ve con el estetoscopio alrededor del cuello. Me enamora que pague la cuenta, porque sé que es su forma de decir que me regalaría este mundo y el otro.

Me enamoran sus ojos verdes, su nariz perfecta, la simetría de su sonrisa, el tono dorado que toma su pelo cuando le pega el sol y su metro ochenta. Me enamora que sepa escogerme el regalo perfecto, que siempre tenga Certs en los bolsillos y que vayamos siempre agarrados de la mano.

Somos naturalmente egoístas. Buscamos siempre complacernos a nosotros mismos y defendemos soberanamente nuestros intereses personales, por eso me enamora tanto que traspases la frontera y que violes mi soberanía. Me enloquece que lleves mi sonrisa de bandera. Me enamora que hayas afirmado: “Quiero ser tu novio” y que los dos seamos una potencia mundial.
© El Baño Rosado
Maira Gall