A medias: ¡NARANJAS!

No me sirve gris, me gusta blanco o negro. Doy tanto como espero: todo o nada. De mi estatura aprendí que es lo único pequeño con lo cuál debo conformarme. No nací "Común y corriente" y no sirvo para ser sencilla. Pediré tanto como pueda dar, pero no exigiré nada. Si algo no me sirve, lo boto, si un amor no me llena lo derramo y si a un novio le gusta otra, lo regalo.

Seguiré enamorándome de todos y a la vez de ninguno, así lo encuentre o se me pasen los años. Me quedo con mi lógica cincuentera del amor, porque es de eso que soy testigo. No me sirven las relaciones casuales ni la palabra de hombres a los que en lugar de hombría, sólo les quedan hormonas.

No importa a cuántos tenga que enseñarle el verdadero significado de corresponder. No esperaré que me quieran porque sí, pero no aceptaré las dudas ni los peros. Me haré querer como soy, sin esfuerzos de ningún tipo. Al final, no importa que él ahora sea un galán de película como el que yo siempre quise, que el otro no dude tan fácil de lo mucho que ella le gusta y que el último no cambie una Margarita por un ramo de rosas. No importa, porque lo más importante, es no haberme conformado con sus escalas de grises, haber tenido los cucos puestos para sostener un NO, sencillamente porque me merezco lo mejor.

Me gusta que me endulcen el oído, quiero que me quieras de una forma insoportable, de una manera loca. Que me beses lento, que me creas incomparable, que me cuentes lo que quieras, que le coquetees a todas en mi cara, para que sepan que así les digas cosas bonitas, sólo conmigo se te para. Que robes por mi, vivas por ti y que mates por los dos.



"Uno acepta el amor que cree merecer".
-"The perks of Being a wallflower", del director Stephen Chbosky.
© El Baño Rosado
Maira Gall