Desear el mal al ser amado.



Abre los ojos, mira a tu alrededor y nota que tienes los pies sobre el tapete, no eres el primero ni el último en la fila del supermercado, mucho menos el único que ha sufrido por amor, si es que este alguna vez te ha estrechado su mano o ha tocado a tu puerta en traje de gala como siempre lo has soñado. Lo cierto es que el amor se disfraza del ser amado y todos tenemos uno desde que entramos al kinder.


Pero, ¿Qué tan amado es ese ser si tarde que temprano llega el día que por alguna razón, motivo o circunstancia merece nuestro odio?


Siempre he pensado que esa frase poco célebre que dice “Amar es encontrar la felicidad en la del ser amado” no es más que pura y física mierda, de esa misma que vomito en este baño poco rosado y que muchos seres amados de esos de kinder me han hecho comer. La realidad es otra, ¿Quién quiere la felicidad del ser amado cuando esta se encuentra lejos de nosotros?...No falta el hipócrita que dice pensarlo de esta manera cuando en realidad la siente de otra forma, pero hablando aquí en confianza en este baño, es más honesto aceptar que la felicidad del ser amado cuando no está a nuestro lado cambia de color rosa a violeta intenso, se transforma, se maquilla y entonces ese amor por él/ella ahora es envidia, rabia, histeria y un rencor inevitable que nos llena de odio y de alguna manera nos hace pensar que el ser amado es un loco psicópata que no eligió estar tomado de nuestra mano. Estás en todo tu derecho de desear el mal al ser amado, creo que esa es la verdadera prueba de fuego, amar no es regalar una rosa, dar un beso apasionado, dedicar canciones, veladas románticas, poemas estúpidos, soñar una familia, amar es desear el mal al ser amado, odiarlo y ser capaz de amarlo nuevamente. Amar, odiar, amar, besar, reír, gritar, amar, escuchar, odiar, entender y luego amar por siempre y para siempre. Porque en la vida nada es color rosa, ni siquiera este baño que de rosado no tiene nada.


Desear el mal al ser amado, no es tan malo como parece.
© El Baño Rosado
Maira Gall